Barrio 31 La economía de la vida cotidiana y su extensión



La experiencia de trabajo en los barrios marginales en la República Argentina, ejercida habitualmente por organizaciones sociales, religiosas o políticas de cualquier orden, debe remontarse al origen mismo de esas barriadas, que suelen situarse en los costados mismos de los centros productivos urbanos.


Favelas, pueblos jóvenes, villas miserias o su expresión menos delatante que se usa en el lenguaje formal de Argentina, villa de emergencia, son las formas en que suelen mencionarse en diferentes países a esos conjuntos urbanos arracimados sin agua corriente, cloacas, energía y una presencia de costumbres bizarras de comunicaciones clandestinas, utilizando códigos propios alejados de lo políticamente correcto y que delatan el origen mismo de una organización espontánea, de lo que algunos se animan a delatar con el título de condición humana.


Una de las tantas singularidades de esos sitios, es que muchas veces se encuentran en los contornos o incluso dentro mismo de los barrios de clases acomodadas y exponen de esa forma, algunas de las complejidades de los sistemas sociales, tanto por la exposición de la miseria para algunas almas sensibles, como el peligro que proponen, por la condición de marginalidad y delito con que conviven.


Desde casi todo el siglo XX, ese tipo de asentamientos se fue incrementando en consonancia con el crecimiento de las ciudades y el trato que han recibido desde las diferentes organizaciones sociales y políticas, ha pasado desde su enaltecimiento hasta la necesidad de encontrar los caminos para su aniquilación y lejos de quedar enaltecidas o aniquiladas, esas notables ciudadelas, mantienen su status de conjuntos marginales molestos y necesarios, con sostenida buena salud.


La expresión de la miseria expuesta desde los balcones de las viviendas adineradas, la mendicidad y el delito que no es posible reprimir, obliga en algunos casos a la migración de las familias acomodadas a barrios alejados, con guardia privada y cercados para garantizar seguridad, pero una vez que transponen la guardia del barrio privado y transitan sobre la calle retorna la amenaza, porque el afuera del barrio cerrado se encuentra controlado por la marginalidad que termina rodeando los barrios protegidos.


Ocurre que donde hay riqueza hay trabajo y fatalmente la gente que construye, limpia y repara en los barrios elegantes, se instala lo más cerca que le es posible de donde haya oportunidades.


La Villa 31, hoy Barrio 31, no ha sido la excepción.


En los últimos años, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, ha realizado una tarea destinada a la integración de ese espacio urbano al resto de la ciudad, aportando obra pública, refacciones de adaptación de lo existente para la vida privada y construcción de viviendas nuevas con el objeto de mudar a aquellas familias que vivían en lugares de imposible adaptabilidad.


Simultáneamente se capacitó a los vecinos para mejorar las oportunidades de los jóvenes en el mercado laboral formal y también se acercaron herramientas de gerenciamiento a los emprendedores habituales de esas barriadas, pequeños comerciantes, trabajadores independientes de oficios diversos, como plomeros, electricistas, cocineros o pequeños constructores.


Tanto trabajo ha obtenido logros detectables en diferentes aspectos de la vida de los habitantes, a pesar de haber enfrentado la resistencia a los cambios que suelen encontrarse en personas y grupos sociales o políticos, como también por el hecho de participar del tránsito de modificación de la villa, en situaciones económicas y políticas no siempre alineadas con los objetivos.


Tal como ocurre con cualquier lugar donde las personas se juntan, la economía como parte indisoluble de la vida, existió desde el mismo origen de aquella villa de emergencia. Quienes moran en un lugar aunque precario, encuentran el modo de resolver su inmediatez, con la singularidad de quienes los habitan. Seres migrantes de países o provincias que renuncian a su identidad primaria para ajustarse a un sitio diferente, tanto para cubrir sus necesidades inmediatas como para resolver luego sus ambiciones de progreso, recalan en un territorio de mejores oportunidades que los hace fuertes.


Significa que salvo situaciones singulares, quien toma la decisión de salir de su terruño, ya tiene una apuesta a la vida que si no es doblegada por las circunstancias, inevitablemente consigue un lugar en el mundo.


El actual Barrio 31 es un asentamiento con una edad cercana al centenario, está ubicado en uno de los sitios de mayor actividad económica de su país, lindero con barrios exclusivos de alta gama en la ciudad de Buenos Aires.


Los habitantes de esa ciudadela tienen una marcada diferencia de status con aquellos que circulan y viven a escasos metros del lugar, su dilatada vida ha hecho de la 31 que fuera protagonista de los diferentes momentos políticos e históricos y sus habitantes participan de las mitologías propias de ese entorno, como de los permanentes embates que soporta, padece o disfruta, la sociedad donde está inserta.


En estos momentos, al igual que el mundo entero, el barrio hace frente al COVID 19 con la hidalguía que propone la nanoeconomía, es decir que no le dio tregua y se puso al frente de las batallas, a pesar de los contagios masivos obligados por la promiscuidad.


Aquellos emprendedores que trabajaban intercambiando dentro del barrio, se encontraron con la detención que se produjo en todo el universo económico, pero en lugares marginales no hay resto, la gente vive al día a día y no tiene otro camino más que salir a buscar su sustento de algún modo y lo hicieron transgrediendo la cuarentena impuesta, dando respuesta a las necesidades del mercado fuera del barrio, vecinos encerrados en sus casas con un sistema de provisión de los supermercados colapsado, de modo que los habitantes de la 31, encontraron la oportunidad de proveer a ese mercado, aprovechando los apps que tenían vigentes algunos antes de la pandemia. Pero en estas circunstancias se animaron con productos con que no se habían atrevido antes, quizás empujados por la demanda de un mercado cautivo.


Simultáneamente la velocidad de contagio en las zonas marginales, puso en alerta a toda la población que ya observaba con cierta desconfianza aquello que venía de la villa 31, pero entre que la necesidad suele tener cara de hereje y que empuja a quienes necesitan de aquello que le hace falta, los negocios se siguieron cerrando.


Con los liderazgos de entrenadores empresarios y líderes del mismo barrio, se lanzaron de modo tibio inicialmente y luego con toda la fuerza que las redes ofrecen, algunas propuestas que han dado sus frutos de modo contundente.


Hay muchas propuesta empresarias de diverso tamaño, vamos a exponer dos de ellas que ofrecen una idea de la movilidad y capacidad de respuesta de estas agrupaciones de emprendedores primarios.


Recoveco



La necesidad de incrementar las transacciones fuera del barrio, empujó a varios emprendedores a crear un esquema de negocio con marco institucional (Recoveco).


El gremio gastronómico fue duramente castigado por la pandemia y como respuesta Recoveco nace con una oferta múltiple de productos realizados por pequeños emprendedores que comparten un modelo de comunicación, publicidad y transporte.


Desde una página web que lleva consigo el prestigio de algunas buenas referencias, por sobre todo desde los ámbitos del gobierno de la ciudad, ofrece la confianza que los consumidores necesitan a la hora de acercarse a productos de alimentación y en este caso, se ofrecen alimentos y el consumidor se acerca a ellos, como quien compra en una feria y arma su carrito para recibir en su casa, un menú de comidas que llevan la singularidad de las típicas de los grupos étnicos que viven en el lugar, desde argentinos del norte del país como jujeños, tucumanos o santiagueños, hasta de países cercanos como paraguayos, bolivianos o peruanos.


La propuesta está dirigida con la profesionalidad que requiere cualquier start up, tiene circuitos de gerenciamiento con la misma disciplina que se exigen en organizaciones gastronómicas de primer nivel, en las cuales algunos de los que participan ya han trabajado. Quizás, la característica llamativa de Recoveco tenga que ver por quien la lidera, que es un joven apuesto paraguayo que vive en el barrio, antes villa, hijo de una de las micro emprendedoras que aún sigue vendiendo sus chipás en la estación de trenes y que entrega al proyecto todo su saber en su temprana y ya dilatada experiencia de vida.


Freddie, tal como se presenta, está muy cerca de recibir su licenciatura en administración de empresas en una de las universidades privadas más prestigiosas del país, donde se postuló para una beca que por supuesto ganó (no hubiese podido pagar la matrícula) y se mantuvo con el nivel de desempeño para sostenerla y cuenta con el aval del conocimiento y del capital social, que significa participar de un curso de grado, con compañeros que tienen otro nivel de vida en términos económicos.


Por el modo en que Freddie se presenta y lleva adelante la charla, es evidente que se encuentra a la altura de ese entorno, a tal punto que nos relató una situación graciosa que se dio en una charla grupal de estudio por plataformas de las que la pandemia exige y fue que mientras él hablaba en el grupo por alguna exposición, por detrás se escuchó el canto de un gallo. Ese sonido invitó a que una compañera curiosa le preguntara si él moraba en una finca, vale decir, la pregunta apuntaba a si Freddie era un clásico hijo de terrateniente de los que proliferan en esa prestigiosa casa de estudios. Ninguno de los participantes en esa charla podía imaginar que alguno de ellos, podía vivir en un tercer piso de una villa marginal, agolpada con un gallinero en el cuarto piso.


Vemos de esta forma, que antes de que ocurriera la pandemia e incluso la última aparición del estado en el barrio, la necesidad de crecimiento individual de muchas personas, supera la situación de opresión que propone un sitio de pobreza singular, atendiendo el entorno donde se encuentra. Lo curioso en estos casos, es que quizás Freddie no necesite migrar para encontrar ascenso social, en la medida que la pequeña ciudadela en donde vive, alcance un grado de inclusión y termine de transformarse en barrio desde una villa.


Fletes 31.



A diferencia de Recoveco, esta propuesta nace desde la iniciativa de un emprendedor de trayectoria que realiza mudanzas dentro, pero también fuera del barrio desde hace mucho tiempo. Dada la escala del lugar, Samuel es un empresario exitoso que cuenta con un equipo para realizar mudanzas de gran porte, que le permite trabajar fuera de la Ciudad de Buenos Aires y lo hace hasta arrimarse cerca de la frontera con Bolivia en la Provincia de Jujuy, a una distancia que supera los 1500 kms.


Samuel es jujeño y llegó hace más de veinticinco años a la villa 31donde armó una casilla precaria. En esos tiempos, la organización social de la villa permitía asentamientos independientes sin costo alguno. Al poco tiempo Samuel armó un vínculo afectivo con una mujer que vivía fuera de la villa y se mudó con ella por más de una década. En esos años realizó múltiples oficios hasta que se transformó en un pequeño emprendedor en la actividad de mudanzas y aprovechando su origen, comenzó a realizar viajes entre Jujuy y Buenos Aires. La pareja un buen día se malogró y Samuel decidió entonces regresar a la villa 31, pero se encontró con una sociedad cambiada donde los espacios para ocupar espontáneos ya estaban cubiertos, de modo que comenzó a alquilar un sitio para vivir.


Es curioso el dato de que no haya salido a buscar otros lugares fuera de su territorio conocido, tanto sea porque quizás ya no queden sitios disponibles en el llamado conurbano o porque la facilidad que propone la 31 para conseguir negocios para Samuel, supera el costo de vivir en ella.


La cuestión es que paga para vivir en un sitio en la 31 y dadas las circunstancias que rodean a todo asentamiento precario, todavía encuentra espacio para que su camión pueda estacionarse con bajo costo y muchas veces nulo, en un sitio de la ciudad donde eso poco posible. Como se acostumbra a decir en la jerga de los habitantes de la ciudad, los llamados porteños, el rebusque sigue presente con mayor razón en el asentamiento, a tal punto que deja estacionado a la noche el camión en un lugar, donde la policía está muy cercana y bromea argumentando que lo hace en ese sitio, para que los policías le cuiden el equipo.


Las callecitas del hoy Barrio 31 son estrechas e intrincadas, por lo que el tamaño del camión de Samuel obtura cualquier trocha, pero existe un número importante de otros modos de transporte que se mueven por esos senderos y que permiten el movimiento de personas y objetos. Los más populares son unas motos con una caja trasera para carga muy usadas dentro de la pequeña ciudad, que en el caso de Samuel permiten acercar objetos desde cualquier punto hasta los límites del barrio, donde el camión de mudanzas está a la espera para el transporte.


La actividad de Samuel dentro del barrio es intensa, lo que da la pauta de la rotación de los vecinos, ya que su trabajo es el de llevar las pertenencias de aquellos que dejan el barrio.


De todas formas insiste en que si bien el barrio es parte de su clientela, su cercanía a los sitios donde ocurren hechos centrales en la vida de la Ciudad de Buenos Aires, hace que sea figura consultada para las mudanzas en publicidades, recitales u otros eventos, que antes de la pandemia eran habituales.


Del mismo modo que con Recoveco, Fletes 31 se presenta en sociedad a partir de una página web y ofrece fletes por toda la ciudad con todo tipo de vehículo y goza de una posición de competencia, porque lo hace desde un lugar privilegiado que es la zona del Barrio de Retiro. Samuel con criterio inteligente y vocación de crecimiento, aprovechó la oportunidad que se presentó en la pandemia, dada la necesidad de sus colegas para conseguir nuevos fletes y con la potencia y el provecho de la profesionalidad de los consultores que el gobierno ofrecía, armó esa sociedad abierta, que al igual que Recoveco, aumentó su actividad de modo significativo.


Vida cotidiana y su extensión


Estos son dos de los tantos modos de agrupamiento empresario que se observan en estas no tan pequeñas comunidades si entendemos que conviven casi cincuenta mil personas en esta ciudadela y es fácil encontrar agrupaciones cada vez más organizadas en gremios tan diversos como el de la indumentaria, las instalaciones, los servicios esenciales u otras variantes dentro de la actividad humana, más allá de estas dos de gastronomía y fletes, mascarones de proa de otros éxitos.

Los resultados son tan llamativos que risueñamente tanto Freddie como Samuel, hablan de los unicornios en que la diosa fortuna les otorgó el privilegio de ser los socios fundadores.


La experiencia indica que estas primeras buenas noticias del barrio 31, necesitan transcurrir un tiempo para asegurarnos un final feliz. La dirección en que se están dando los acontecimientos hace suponer que así puede ser, pero hay amenazas como en toda propuesta y la historia entrega algunas señales donde no se ha podido torcer cierta tendencia espontánea de algunos grupos humanos, por distintos motivos, algunos de orden cultural o político y muchos de orden económico.


Quizás podemos aventurar algunos ejes, por ejemplo al observar a estos dos líderes, cuya entidad les permite intercambio permanente con el afuera del barrio, que saben transitar los dos mundos con absoluta naturalidad, de la misma forma que quienes trabajan en las viviendas pudientes en calidad de servicio doméstico, albañiles, plomeros por citar alguno más y que curiosamente, aún con cierto desempeño exitoso como en el caso de Samuel, no cambian a un universo que se considera formal, tanto en la vida como en el trabajo.


Desde estas líneas vamos a preguntarnos sobre el derrotero posible de emprendimientos como los citados Recoveco y Fletes 31 en relación a la integración a modelos de economía formal o cuáles podrían ser las situaciones que podrían obligar a recorrer el retorno nano económico, admitiendo que por ahora, ambas propuestas transitan una zona gris de ambos modelos.


El caso de Samuel puede ayudarnos para especular sobre esta dirección. Entendemos que transita como muchos empresarios argentinos, el camino de una economía mixta atravesada con transacciones de orden legal y del otro orden, que de modo elegante suelen llamarse espacio paralelo o también operaciones blancas o negras. Samuel para su existencia como emprendedor, necesita de una empresa con entidad para realizar facturas cuando realiza viajes fuera de la provincia o cuando hace servicios para las empresas organizadoras de eventos, está obligado además en esos casos, a registrar a aquellos trabajadores que colaboran en la carga y la descarga, motivo por el cual necesita de un profesional contable que lo asista, del mismo modo el equipo con el que realiza las mudanzas, requiere de papeles con impuestos al día y alguna justificación que demuestre el origen de los fondos con el que fue adquirido.


De todas formas, buena parte de sus ingresos deberá tener que ver con transacciones sin registro en una economía de país periférico que funciona de esa forma. Hasta aquí Samuel, no es diferente de otro empresario del transporte que vive en barrios populares, pero de espacios bien distantes de ser asentamientos de legalidad dudosa y con el delito tocando la puerta a cada hora. De hecho Samuel ya ha vivido fuera de la 31 en algún barrio popular mientras convivía con su pareja y luego, a la hora de decidir vivir en soledad, ha regresado a la villa pagando un alquiler que no es muy diferente al de otro en barrios alejados. Vemos que Samuel entonces, se encuentra cómodo navegando entre ambas orillas y esa condición le propone alguna garantía, a la que vale la pena seguirle su pista.

Podemos especular que si el barrio no se transforma del todo, los jóvenes como Freddie, nuestro anterior héroe, terminarán decidiendo la salida como tantos clientes de Samuel que dejan el barrio, pero es muy probable que la experiencia de vida que le ha otorgado a este futuro profesional de la microeconomía, otorgue las enseñanzas que la resiliencia le ha cargado, tanto para su vida privada como para su desempeño profesional.


Quizás sea entonces que se merezca acercar la lupa a esa condición de resilientes en aquellos propulsores de modelos nano económicos, tanto para los inicios de los negocios como para su sostenimiento en escenarios ásperos, situación relativamente habitual en las sociedades marginales, donde sin embargo las garantías en las transacciones nano económicas, suelen encontrar basamentos sólidos.


Especulemos el futuro de Recoveco en términos de su oficialidad.


En estos momentos opera con la potencia comercial de las redes, la seriedad en la ejecución de los productos y el cumplimiento en las entregas como cualquier emprendimiento formal de su tipo, pero las transacciones a pesar de pasar por algún sistema de dinero formal obligado, dadas las dificultades del movimiento en efectivo que plantea el COVID, rápidamente pasan a un territorio marginal de elusión o evasión impositiva, dadas las características de la situación de quienes operan dentro del barrio.


Por ahora en el inicio de la actividad, el estado hace caso omiso a esa situación, tanto por el hecho de que está promoviendo la actividad, como por la baja participación de las transacciones en su volumen, pero en cuanto se acreciente y las disputas políticas se presenten, la fragilidad de la propuesta de Recoveco puede sentirlo y es el momento donde el retorno a la nanoeconomía puede surgir, porque garantiza la exclusión de terceros en disputa y recupera el control de aquellos que viven en el barrio, con propias leyes y ejes conductuales conocidos, donde los terceros pierden herramientas de control.


De modo que la economía supera cualquier obstáculo a la hora de resolver el sustento y la nanoeconomía sobrevive a cualquier terremoto o bomba atómica y una vez que los temblores se detienen, sale para ver la luz del sol, como saben hacerlo las cucarachas después del desastre. La resiliencia que permite esa forma de transacciones, ha sido demostrada en las sucesivas crisis que ha tenido el mundo, pero en estas líneas presentaremos una de Argentina y otra de Brasil.


En la crisis argentina del año 2001, un bloqueo del dinero en efectivo ejecutado por parte del gobierno, retiró el papel moneda de la circulación por varios meses y eso de inmediato creó un caos económico. Antes de que los gobiernos provinciales iniciaran la emisión de dinero espurio (en la Provincia de Buenos Aires se llamó patacones), vale decir papel moneda emitido por una provincia con encajes y respaldos provinciales apenas, la inventiva nanoeconómica salió a dar respuesta de forma inmediata y algunas transacciones siguieron su curso fuera del sistema formal, con un recurso tan antiguo como el oficio más antiguo. La originalidad de la implementación fue lo que llamó la atención ya que la propuesta obliga a un esquema de confianza y negociación de las partes que la conforman.

Los nodos de cambios eran ámbitos de comercialización por trueque, donde las personas intercambiaban bienes y servicios, generaban créditos y cuentas corrientes, destinados a cubrir las diferencias entre los distintos valores de intercambio en cada transacción, todo eso a una velocidad de aparición, que invita a pensar que existía desde antes que el problema de la moneda se presentara y es posible que esa práctica aún hoy siga vigente. Antes de que aparecieran las monedas provinciales, ya existía una moneda de canje en los nodos cuyo curioso nombre era crédito.


Esta situación se puso en evidencia a partir de la parálisis que produjo la crisis. La respuesta de las monedas provinciales necesitó de un tiempo razonable para ponerlas en marcha, mientras tanto la vida continuaba y los nodos dieron su respuesta.


Tanto por la elección del sitio donde vivir como por la necesidad de sostener un modo de transaccionar, las operaciones nanoeconómicas hablan de un estilo que ofrece garantías para quienes conocen el territorio y total o parcialmente, resuelven aspectos de variables donde la competitividad se oscurece.


Curiosamente, esas formas de transaccionar y de acordar cuestiones vitales fuera de las organizaciones formales, no solo son habituales sino que antiguas tanto como el mundo es mundo, lo cual hace suponer que cierta formalidad opera de modo contra natura en sociedades donde la cuestión espontánea sugiere otros carriles.


Pocos meses más tarde de producida la mencionada crisis del año 2001, cuando los nodos habían ocupado su sitio y las monedas provinciales operaban sin dificultad, delegaciones de los países cercanos a la Argentina se acercaron con propuestas e iniciativas de toda índole y Brasil por supuesto no fue la excepción. En una conferencia desarrollada por un funcionario de una organización no gubernamental destinada al apoyo de las pequeñas y medianas empresas, el SEBRAE ( Serviço Brasileiro de Apoio às Micro e Pequenas Empresas), en su discurso de apoyo a los empresarios de un país hermano, recordó una historia que viene a cuento de la resiliencia nanoeconómica y lo hizo evocando la respuesta que tuvo un pueblo a una sequía espantosa en el nordeste de su país, donde los pobladores morían literalmente de hambre y sed.


El relato era glorioso y merece ser considerada la acción frente a la adversidad absoluta que ese grupo humano hizo frente. El pueblo se decidió salir fuera para buscar trabajo o algún dinero, se eligieron a los más aptos para viajar hacia las ciudades cercanas y de esa forma, lograron vender algunas artesanías que pudieron llevar consigo. Las escasas monedas que consiguieron, sirvieron para calmar algunas primeras necesidades y animarlos a realizar otras expediciones.


Es valioso rescatar que cualquier villa de emergencia de cualquier ciudad importante, es un paraíso de abundancia descarada si la comparamos con un poblado de la zona más pobre de Brasil, donde ni agua abunda. El final del relato es feliz, ya que el poblado organizó negocios de producción de indumentaria artesanal y logró un crecimiento sostenido durante casi una década, sin ayuda alguna ni tan siquiera del SEBRAE, organización que fue llamada cuando se encontraron con los límites para su crecimiento y solo ahí, cuando la organización interna lo requirió, la formalidad permitió el espaldarazo final.


Se sugiere entonces que en la medida que no existan ofertas superadoras contundentes, la nanoeconomía como otros aspectos que se presentan en la vida marginal, está a la espera y se pone de manifiesto una vez que los escollos habituales de una exigencia social se presentan, como la recaudación de impuestos y servicios, la distancia a los centros de producción por costos elevados de inmuebles, transportes malos y caros, situaciones todas que dan una respuesta pobre para las necesidades inmediatas, que en cuanto el costo/beneficio para superarlas se encarama en contra, afloran las soluciones que empujan nuevamente a la marginalidad.


En Buenos Aires hay ejemplos de esa índole con lamentables experiencias de barrios, con unidades habitacionales erigidas por el estado con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los estratos sumergidos. Esos grupos habitacionales, una vez que la actividad de los organismos externos por motivos diversos debió suspenderse, se fueron degradando inicialmente en sus áreas públicas y luego sus necesidades básicas fueron colapsando, retornando a los escenarios conocidos que ofrece la marginalidad, como conexiones clandestinas, ausencia de mantenimiento, basura acumulada y por sobre todo, el delito a la vuelta de la esquina.


Quizás la historia más representativa de este fenómeno sea la del barrio Ejército de los Andes, más conocido como Fuerte Apache, en la localidad de Ciudadela en el conurbano bonaerense, barrio que entre otros objetivos fue utilizado para trasladar a los habitantes de la villa 31 en la última dictadura del Proceso que se inició en el año 1976. Pero no es el único ejemplo tanto en la República Argentina como en otros sitios.


Marginalidad y nanoeconomía si bien suelen convivir, no siempre van de la mano. Del mismo modo la marginalidad con el delito en su concepción clásica, no necesariamente son condiciones de generación espontánea, aun entendiendo que la invasión de tierras, la elusión y evasión de impuestos y las conexiones clandestinas, no pueden ser consideradas acciones legales. Sin embargo, existen y es objeto de estos trabajos discutir ejes que sirvan para enfrentar esos dilemas, de modo que cada una de las posiciones fuera de la norma, quizás merezcan ser medidas tanto con la posibilidad que proponen como por su relación costo beneficio.


De esta forma transitamos por un camino sinuoso y quizás algo resbaladizo de zonas grises, donde los vasos comunicantes vacían unos y llenan otros recipientes.


Las variables como los recipientes que se merecen llenar, no siempre se conocen del todo ni se acuerda el contenido con que se pretende completarlos, pero en situaciones de cambio como se entiende que estamos transitando a la salida esperada de una pandemia, la nanoeconomía inevitablemente está a la orden del día, porque cualquiera sea el grado de su penetración, es la forma más potente de transaccionar en situaciones movedizas. Por ese motivo, vemos que su presencia no sólo es esperada en territorios de espacios marginales, también está presente en sitios de gran movimiento social, como ocurre hoy día con la tecnología, el turismo y la logística, que obligan a las legislaciones a correr detrás de su carro, porque la velocidad que proponen exige una formalidad que atrasa.


En esos casos, la nanoeconomía se viste de formal hasta que una nueva variable hace que aparezca en su modo habitual, lindando la transgresión. La observación desprejuiciada de este fenómeno, es posible que aporte posibilidades a los nuevos desafíos del ahora, tanto para transformar los espacios marginales, como para dar respuestas dinámicas a una economía que exige decisiones.



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